Los del Norte



En Sevilla se entiende genéricamente por “los del norte”, los que no somos de allí. Es más “estar ennortao” viene a ser estar alelado, estar tonto.
Algo así como quien dice “estás en Babia” queriendo decir que estás ido, que no pones atención.  Y quien lo dice con ese sentido sí que está alelado. Los reyes de la Reconquista, cuando querían evadirse de las tareas de gobierno, de los desencuentros con la nobleza y de los mandoblazos en la frontera, dejaban el móvil y se iban a Babia, normalmente a cazar el oso. Para más señas ver lo que le pasó a un tal Favila.
Pues bien, la feria es un invento de Sevilla para los sevillanos, y la sociedad de Sevilla es muy cerrada.
No es de extrañar por eso, que el sevillano no piense en el foráneo, y recíprocamente el del norte no suele repetir visita al real.
Siempre me ha llamado la atención la cantidad de norteamericanos que van a los Sanfermines, no es raro que alguno visite las urgencias, y es habitual también que repitan, y repitan, y repitan. Eso en Sevilla no pasa.
Muchos “madrileños” se acercan un año a la feria que está a tiro de “AVE” y suele caer con frecuencia en el puente del 2 de mayo,  alquilan ellas un vestido de gitana más o menos cañí, y ellos se encorbatan, siguiendo las indicaciones de algún asesor nativo que se lo insinúa.
Si vienen en coche aprovechan para acercarse al Puerto o a Sanlúcar, que siempre se agradece un pescado a la orilla del mar.
Y los feriantes, lejos de engatusarles, les dejan pasar por delante de las casetas mientras pasean desorientados, entre sorprendidos y deseosos, una y cien vueltas y al final camino del hotel y poco menos que reventados.
El año que viene a la tomatina, a las fallas o a Nueva York.
Los de más allá de los Pirineos tiene distintas posturas frente a la feria: Desde los que pasean y miran y se quedan sorprendidos por el espectáculo, hasta los que de alguna manera participan. He visto un grupo que comió en una caseta, y al terminar y preguntarles que les pareció aquello respondieron que el restaurante era un poco incómodo.
También he visto una alemana, que puntual cada año se hace su vestido de flamenca. Y otra, alto directivo de una prestigiosa marca de coches de Stuttgart, que le prestaron un vestido y la foto preside su despacho.
Hablando de forasteros en la feria, me quedo con dos: Una es Jackie Kennedy, luego Onassis y la otra Grace de Mónaco. Creo que coincidieron y que hubo sus más y sus menos en la coincidencia. No le sorprendió a la que entonces era Primera Dama que la subieran en un caballo. Era una amazona consumada.

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