Iniciando el blog

La primera entrada de este blog es un texto de prueba, como no podía ser de otra manera.
Estas líneas no pretenden ser una declaración de intenciones, el texto no importa, lo que importa es el manejo de nombres de usuario, contraseña, perfiles, fondos de pantalla, etc.
Al "subir" vuestras colaboraciones, el texto de prueba...desaparecerá.
Se admiten, y se requieren críticas, aunque sean constructivas.

Ahi va el llamado "texto de prueba":




LA FERIA DE SEVILLA VISTA POR UN LEONÉS



La primera en la frente. Un sevillano jamás diría “la feria de Sevilla”, para él es la feria. Sin apellido. El topónimo se queda para otras ferias: La feria de Osuna, la feria de Málaga, la de Córdoba, la de Jerez. La de Sevilla es la feria.

¿Qué es la feria? La pregunta es fácil, y la respuesta se las trae: Los amigos, los colores, las casetas, los caballos, albero color y polvo, la lluvia, el fino, el barullo, la quedada, los planes, los no planes, el rebujito, la cola de los taxis, la freidora, la chaqueta, la gomina, el flamenquín, el salmorejo, las pavías y la carne con tomate, los faroles, los farolillos, la tercera, los enganches, las mantillas, la bulla, la comida, el autobús, la de Toledo (Ohio), el aparcamiento, la portada, el palmeo, la manzanilla, el grupo que canta, la visita a los amigos, la visita de los amigos, el postureo, el lance, la conversación, el planito, la fritanga, la corrida, el crédito, la cuñada, la corbata, el jaleo, los faetones, la motillo, el sombrero de ala ancha, el clavel en la solapa, el caldito, y mucho más.

Durante una semana, alcalde mediante, la vida de la ciudad se traslada a la feria. Nadie deja de trabajar, se cambian turnos, se cogen días, y todos aparecen por la feria. A comer, a tomar unas copitas, hasta que el cuerpo, y la cartera aguanten. Y al día siguiente más.

El primer día de feria se prueba la iluminación, o sea el “alumbrao”. Y esta es una muy buena escusa para que los socios, únicamente los socios, se reúnan en la caseta, lonas echadas, para cenar un “pescaito” como manda la tradición. Que la tradición manda mucho, al menos hasta ahora no hay en el recinto ferial esos restaurantes irlandeses que ocupan antiguas joyerías.

Los madrileños, un mal necesario, aparecen vía Ave por el real dejando sus euros y un reguero de vestidos de gitana sacados de una tienda cañí. Como vienen se van. Algunos hasta repetirán el año que viene.

Los extranjeros también vienen. Siempre hay algún exótico o exótica. Se pasea en el coche de caballos se hace la foto y de ahí a la posteridad.

La caseta es el lugar de reunión de la familia, o de los amigos, o de los compañeros de trabajo. Es una prolongación de la casa, por eso el sevillano entiende que no es de uso público. Entra quien él invita. Nadie más. El público en general, solamente está autorizado a mirar de lejos y a envidiar.

La feria tiene momentos mágicos. Ni programados ni esperados. Pasa un duende y lo que deja quedará en la memoria muchos años, quizás toda la vida. A lo mejor es un tío con una regadera, a lo mejor es una visita a la caseta del primo de una amiga, a lo mejor es perderse de la pandilla o un zapato roto.

El sevillano vive para la feria y la sevillana más. El vestido de flamenca se encarga en Navidad, o antes. La portada, que dicen que este año se parece a no se qué iglesia de Sevilla, por supuesto, se empieza a montar poco después de los reyes. La reunión de la caseta es más seria que un Consejo de Administración de multinacional y así sucesivamente.

Se ven pocos piripis en la feria. La gente se comporta de sevillanas maneras. Es la sociedad sevillana en estado puro. Me dice mi amigo íntimo, al que le veo una vez cada dos años, que la feria es el arte de trasnochar. Todo en un ambiente de alegría, tolerancia y algarabía.

Todo esto y mucho más es la feria… de Sevilla.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Las Pañoletas

La Portada

Los del Norte